En 2015 la prestigiosa Revista Científica, Nature Climate Change publicó los resultados de un estudio que involucró a 28 investigadores de todo el mundo –incluidos los chilenos José Luis Saiz de la U. de La Frontera y Roberto González de la Pontificia Universidad Católica- que buscaron cuales eran los factores que podrían influir positiva y decisivamente en la población para que se motivara a luchar contra el cambio climático.
Para ello los científicos encuestaron -entre junio de 2013 y julio de 2014- a más de 6 mil jóvenes y adultos de 24 países. Onces países tenían altas emisiones de carbono (Estados Unidos, Países Bajos, Rusia, Polonia, Alemania, Australia, China, Japón, Corea del Sur, Israel y Sudáfrica), nueve tenían emisiones medias (Reino Unido, Francia, España, Suecia, Noruega, Venezuela, México, Chile y Nueva Zelanda) y cuatro con emisiones bajas (Brasil, Suiza, Islandia y Ghana).
La investigación se tituló “Los beneficios de enfrentar el cambio climático pueden motivar a la acción en todo el mundo” y reveló que la estrategia del futuro no es comunicar el aspecto negativo del cambio climático.
“Hasta ahora la comunicación a la población era utilizada para dar cuenta de los perjuicios del cambio climático y sus consecuencias. Pero definitivamente dejó de funcionar, la gente se anestesia ante tanta información negativa, deja de reaccionar y el problema empeora. Entonces había que buscar una alternativa de concientización más efectiva”, comenta el Dr. Saiz.
Superando viejas tradiciones
Ante ese escenario los investigadores se preguntaron ¿cómo involucrar a las personas? Y surgió la idea de enfatizar los beneficios. Simple y efectivo.
Para ello los investigadores midieron tres modos de acción: acciones públicas (involucrarse en campañas), acciones privadas (reducir consumo de energía en el propio domicilio) y acciones financieras (donar dinero a organizaciones pro-ambientales). Además midieron cuatro tipos de beneficios que entrega la lucha contra el cambio climático: incrementar el desarrollo científico y económico,reducir las disfunciones ambientales(contaminación, enfermedades, climas extremos),fortalecer una comunidad más solidaria y benevolente y por último, generar una sociedad más competente y capacitada.
“De todas estas consecuencias positivas para aumentar la motivación resultó que generar una comunidad más solidaria y benevolente es el eje que resulta común a todos los países estudiados, es la clave del cambio en la población y su actitud frente al cambio climático. Así, todos seríamos más justos y benevolentes. Es tan simple como aumentar lo positivo y reducir lo negativo”, señaló Saiz.
Una vez que fueron analizados los datos, los investigadores llegaron a la conclusión que el motivador más potente es el fomento a una comunidad benevolente; el desarrollo científico y económico también fue un motivador significativo aunque más intenso en los países con mayor progreso socioeconómico, mientras que la reducción de disfunciones mostró ser un débil motivador.
“También constatamos que las tradicionales políticasde “arriba hacia abajo” están cada vez más lejos de motivar a las personas. No generan ninguna interacción ni cercanía interpersonal ni refuerzan a una comunidad. En cambio las políticas “de abajo hacia arriba” involucran a las comunidades en acciones pro-ambientales locales que refuerzan el tejido social, lo cual coincide con que la benevolencia y solidaridad sean beneficios altamente motivadores para la acción”, concluyó el académico UFRO.
La investigación fue liderada por Paul Bainde la U. de Tecnológica de Queensland, Taciano Milfont, de la U. de Victoria y Yoshihisa Kashima de la U. de Melbourne y su propósito principal fue identificar transnacionalmente qué consecuencias derivadas de la lucha contra el cambio climático pueden motivar a la gente a actuar a favor del medio ambiente.
Escrito por: Lorena Espinoza Arévalo – Periodista Institucional – Email: lorena.espinoza@ufrontera.cl
Vicerrectoría de Investigación y Postgrado




