Dormir muy poco y seguir sintiendo energía, o tomar decisiones impulsivas; y, en otros momentos, atravesar períodos de tristeza y pérdida de interés pueden ser parte de los episodios del trastorno bipolar. Sus efectos alcanzan el trabajo, los estudios y las relaciones familiares. Se estima que 36 millones de personas vivían con esta condición en el mundo en 2023, según la Organización Mundial de la Salud.
Para tratarlo se utilizan, entre otras opciones, medicamentos que contienen litio y ayudan a estabilizar el ánimo. Estos permiten controlar episodios de manía, caracterizados por un aumento marcado de energía, actividad o irritabilidad, y reducir el riesgo de nuevas crisis, incluidas las depresivas.
Sin embargo, su uso requiere cuidado. Una concentración demasiado alta de litio en la sangre puede ser tóxica, por lo que el tratamiento incluye exámenes y ajustes de dosis. También es necesario vigilar los riñones. Según explica la Dra. Kathleen Saavedra, “hasta la mitad de los pacientes que reciben este medicamento por períodos prolongados presenta dificultades para concentrar la orina, lo que puede provocar una mayor pérdida de agua”.
Cómo mejorar esas decisiones es lo que estudian dos proyectos de la Universidad de La Frontera, liderados por la Dra. Kathleen Saavedra Peña, tecnólogo médico y académica de la institución. Uno busca estimar la dosis que necesita cada persona; el otro, identificar quiénes tienen mayor riesgo de desarrollar una complicación renal.
Pistas en la orina y en los genes
Una muestra de orina podría aportar información para ajustar el tratamiento. El proyecto financiado por la UFRO estudiará pequeñas moléculas presentes en ella y evaluará si, junto con los antecedentes clínicos, ayudan a estimar la dosis necesaria.
“Hay pacientes que logran su dosis ideal en un par de semanas, otros pueden demorar meses y el paciente va a seguir inestable, seguir hospitalizado, y eso se va a traducir en costo de días cama, más tiempo fuera de casa, entre otros”, explica la Dra. Saavedra. La expectativa es contribuir a reducir ese proceso de ajuste.
El segundo estudio, financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo, mediante un Fondecyt de Iniciación, abordará una complicación que provoca pérdida excesiva de agua por la orina y sed persistente. Ocurre cuando el riñón pierde capacidad para concentrar la orina y se conoce como diabetes insípida nefrogénica, distinta de la diabetes relacionada con el azúcar en la sangre.
La investigación comparará información genética y clínica de personas que presentan esta alteración con la de quienes no la desarrollan pese al uso prolongado de litio. El objetivo es encontrar señales que permitan reconocer una mayor susceptibilidad y, en el futuro, orientar su seguimiento.
Una necesidad planteada desde el hospital
La investigación cuenta con la participación del equipo de psiquiatría del Hospital Dr. Hernán Henríquez Aravena, integrado por psiquiatras y médicos en formación en la especialidad, bajo la dirección del Dr. José Bustamante, jefe de la Unidad de Psiquiatría Adulto. También colabora el Complejo Asistencial Padre Las Casas, a través del médico psiquiatra, Dr. René Beltrán ALvarez.
La Dra. Saavedra destaca que “para la formulación de ambos proyectos, fue clave la colaboración del equipo clínico liderado por el Dr. Bustamante, como para poder tener claridad de cuál era la necesidad real en la comunidad”.
En el marco del Día Mundial de la Salud Mental, estas investigaciones ponen el foco en la seguridad de los tratamientos. Todavía falta comprobar si las señales estudiadas serán útiles en la atención clínica. Generar esa evidencia es el paso necesario para saber si pueden ayudar a ajustar las dosis y anticipar riesgos, manteniendo los beneficios del medicamento.
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